¿APRENDEMOS A SENTIR...?
Before March 13th arrived, a teacher with a certain gift for fortune-telling, had entrusted us (some days ago) a book about the importance of the senses.
Senses are a very own part of each person, so intimate and private such as choosing your underwear in the mornings. It is something you have because it is necessary, although they are not visible, and they give you much more than you can imagine.
In every action, if we analyse it, we can find two faces like in coins. A positive one and the other not that much. In life, this is constantly happening, and we inevitably tend to see the glass almost empty rather than nearly full. It is something that even if we are conscious about , we do not dedicate so much time to work and this causes accumulation of feelings that we do not know how to manage, generating attitudes in ourselves that even though we don’t know it, they are making us not to fully enjoy and there are people that dedicate its whole life studying it, they have it standardized and they have even named it. With this, we want to defend the importance of taking care of yourself externally and internally to enjoy every day that wonderful present they have given us, which is life.
In these times when we are all confined, we have realized the importance of good morning greetings in college, of the complicity that a simple look can bring when you are down and you think you cannot go much longer anymore; of the peculiar smells that without opening the eyes, you can know where are you (such as coffee’s smell); touching the frozen tables when you just arrive very early in the morning, and certainly what we miss most is to be all in the same space sharing something as beautiful as knowledge.
We have been thinking about the importance of the senses, as these days we are missing the mornings in which Elena came with her hair still wet giving off the smell of shampoo; in which Carol, however asleep she came, dedicated you a smile as soon as her eyes crossed with yours; in which Emma hooks up as a koala to hug you when you don't even know that you have walked through college’s front door; without the echo of Paula's laugh which makes you be sure she is already near you although you do not know exactly where she is, and with the energy that Marta gives off early in the morning, which generates you a contradictory feeling in which you do not know whether to kiss her or kill her.
Having launched this project and after watching several times Amelie’s film, we decided that, in order to get it forward with success, the only solution was to activate our senses and be a version of it in each of our houses.
We started to look at things that we had never taken into account before; to give importance to flavors that, before this we could only knew we liked them; to smell everything that was in front of us as if we had become hounds, and to ‘feel with feeling’, with much more than we have managed to get gooseflesh while we grazed some of our favorite objects.
We could say that, during this long period of time, very different from what we are used to, we have only learned how to wash our hands properly and how to put on a mask properly, but the truth is that it is not. We have played to be Amelie and that game has liked us so much that it has left an impression on us and has found a place to stay in our heart.
As a group and individually (as every single member of the group is in their house) we have had so many ideas for the same project that we could not do just what they asked us to do, but we have decided to complement it with a podcast, so that somehow you can be in our homes, staying in yours.
We must confess, since this writing is only a clarification of the work we are doing, that writing this in a different language to the one we are used to, as some of us have had some problems expressing in English everything that we thought, so we have decided to leave you both proposals and so, we will at least have tried to make you feel like we are.
Antes de que llegase el 13 de marzo, un profesor con cierto don para ser adivino, nos había encomendado (hacía ya varios días) un libro acerca de la importancia de los sentidos.
Los sentidos, son una parte muy propia de cada una de las personas, tan íntima como elegir tu ropa interior por las mañanas. Es algo que llevas porque es necesario y aunque no son visibles, te aportan mucho más de lo que te puedes imaginar.
En cada acción, si la analizamos, podemos encontrar como en una moneda, dos caras. Una positiva y otra quizá no tanto. En la vida esto nos pasa continuamente y tendemos irremediablemente a ver antes el vaso medio vacío que a verlo medio lleno. Es algo que, aunque tenemos conciencia de ello, no dedicamos demasiado tiempo a trabajar y eso provoca que se vayan acumulando sensaciones que no sabemos cómo manejar, generando actitudes en nosotros mismos que, aunque no lo sabemos, están haciendo que no disfrutemos al máximo y que hay personas que dedican su vida estudiarlo, las tienen estandarizadas y les han puesto hasta nombre. Con esto queremos reivindicar la importancia de cuidarse tanto de manera externa, como de manera interna, para conseguir cada día disfrutar de ese maravilloso regalado que nos han dado, la vida.
En estos tiempos en los que estamos todos confinados, nos hemos dado cuenta de la importancia que tenían los saludos de buena mañana en la universidad, de la complicidad que puede aportar una simple mirada cuando crees que ya no puedes más, de los peculiares olores que sin abrir los ojos, sabes donde estás (como el aroma a café), de tocar las mesas heladas cuando llegas a primera hora y sin duda lo que más echamos en falta es estar todos en un mismo espacio compartiendo algo tan bonito como es el conocimiento.
Nosotras hemos caído en las garras de la reflexión sobre la importancia de los sentidos, porque en estos días hemos echado mucho de menos las mañanas en la que Elena venía con el pelo aún mojado desprendiendo el olor a champú, en las que Carol, por muy dormida que viniese te dedicaba una sonrisa en cuanto sus ojos se cruzaban con los tuyos, en los que Emma se engancha cual koala para abrazarte cuando aún ni tú misma sabes que has atravesado la puerta de la universidad, sin el eco de la risa de Paula que aunque no sabes dónde se encuentra estas segura de que ya ha llegado, y con la energía que, desde primera hora desprende Marta y genera una sensación contradictoria en la que no sabes si besarla o matarla.
Lanzado el proyecto que ahora mismo tenemos entre manos y tras ver varias veces la película de Amélie, decidimos que para poder sacarlo adelante con éxito, la única solución era activar nuestros sentidos y ser una versión de ella en cada una de nuestras casas.
Empezamos a fijarnos en cosas que antes solo habíamos visto, a darle importancia a sabores que antes solo podíamos saber que nos gustaban, a oler todo lo que se ponía por delante como si nos hubiesemos convertido en Sabuesos, y a palpar con sentimiento, con tanto que hemos conseguido que se nos erice la piel mientras rozábamos alguno de nuestros objetos favoritos.
Podríamos decir que durante este largo periodo, muy distinto al que estamos acostumbrados, solo hemos aprendido a lavarnos las manos correctamente y a ponernos de manera adecuada una mascarilla, pero lo cierto es que no es así. Jugamos a ser Amélie y ese juego nos ha gustado tanto que nos ha marcado y ha encontrado un lugar en nuestros cuerpos para quedarse.
Como grupo e individualmente (ya que estamos cada uno en nuestra casa) hemos dado tantas ideas para un mismo proyecto que no nos podíamos quedarnos solo con lo que nos pedían, por lo que hemos decido complementarlo con un podcast, para que de alguna manera podáis estar en nuestras casas, quedándoos en las vuestras.
Hemos de confesar, dado que este escrito no es más que una mera aclaración del trabajo que estamos realizando, que al ser en diferente lengua a la nuestra materna, a alguna le costaba demasiado expresar en inglés todo lo que tenía dentro, así que hemos decidido dejaros las dos propuestas y así al menos habremos intentado que consigáis sentirlo como lo estamos sintiendo nosotras.
¿EMPEZAMOS?
Before you start reading, you might think our webpage entries are too long (that is why we have created some podcast to get you rid of reading them all). But, what does a kiss between to people that love each other without any previous story that have had inconvenient (like we have had) mean? A kiss is just a kiss if there is no previous background. A brush can be the most exciting action of your life depending on the context. With this, we only want to say that the stories behind gestures or actions are always more important than on its own to get to know what people get to feel with them.
Because of it, five minds with five hearts and its senses so latent that they could be seen in their skin, have gotten into work for you to smell, taste, feel, see and hear from your house everything we have overlooked for years. For example, thinking about what we heard were noises and instead were the sounds that had been making our lives complete.
Antes de comenzar a leer, podéis pensar que las entradas son muy largas (por eso hemos hecho podcast para aliviaros el trabajo) pero ¿qué significa el beso entre dos personas que se aman sin una historia previa en la que han tenido sus pequeños inconvenientes como los hemos tenido nosotras? Un beso solo es un beso si no tiene una historia detrás. Un roce puede ser la mayor excitación de tu vida dependiendo del contexto. Con esto solo queremos decir que la historia que hay detrás de cada gesto o de cada acción siempre es lo más importante para intentar conocer lo que las personas llegan a sentir con ello.
Por ello, cinco mentes con cinco corazones y sus sentidos tan latentes que podían verse en sus pieles se han puesto manos a la obra para que desde vuestras casas podáis oler, saborear, sentir, ver y oír todo lo que hemos pasado por alto durante años. Como por ejemplo, pensar que lo que escuchábamos eran ruidos y en el fondo eran los sonidos que estaban alimentando nuestras vidas.
Our home with the five senses
My house… my house is like a castle, because it´s very big. I love waking up in the morning and smelling the fresh pancakes in the kitchen, one of my favorite parts of the house.
My house, my house , my house
I like my House but there is one room that I dont like so much: the kitchen.
Maybe beacuse of the mixed smelts when you are cooking o cleaning. Maybe because of the sounds of all the machines working at the same time trying to be alive throught the electricity or maybe because of the cold color and material, everything is White and It is not confortable for me.
My house, it´s my house and the kitchen is necessary but I dont feel like being there.
My house, my house, my house is cosy. It is so cosy it will make anyone who enters feel as in their own house.
When you just enter it, the first thing you see is the glazed living’s room door. However, when you take the cold doorknob and you open it, it provokes a light air stream, that stimulates my senses with that peculiar smell. It is a mixture between the smell that the big oak-wooded bookcase gives off, the smell that comes off from the white-leathered couch and the smell coming from the incense my mom keeps always lighted up. Every smell catches up with my senses and penetrates my nose and make me feel as in my home. When I lay down in the coach to watch a movie on the film projector, I feel so relaxed that I feel how my skin merges with the leather, making us only one.
My house, my house, my house is very mine. Is as mine as there is no place in the world where I feel more comfortable.
My house, my house, my house is very mine. Is as mine as there is no place in the world where I feel more comfortable.
Nevertheless, the place where I like least is the office. The memories that bring me about the endless hours I have spent on it studying stops me from feeling comfortable with. It is the room in which less light enters through the window, what makes it look a little bit sad.
My house, my house, in my house there are 3 bedrooms, all of them are differents
My bedroom has changed 3 times, according wirh my age and with muy feelings
There is a very big mirror. It is so big that I can see everything on It althought I dont want to. There is a very big bed where I can not see my feet althought I try It. There is a very big window with a lot of light coming from outside. But all of these value and Big things are norhing for me to feel that I am in my bedroom.
I feel my smell, my perfum, I feel the carpet un my feet, the light on my skin, so I close my eyes and in that moment I feel alone but safety and Alive. This is the feeling makes me know I am in my bedroom at my home.
My house, my house, my house... it is my house and although I do not have much space for myself, nowhere do I feel as comfortable as here.
The thing I like the least is that there is never silence and if there is one thing, I like it is to be in my own bubble while I do anything without hearing anything else. I almost never get that because in my house there are always people moving back and forth, although if I get too heavy they usually make an effort, and even if they try, it doesn't last more than five minutes. And when they're not the ones who deconcentrate me, it's my dog's paws trying to go without anyone finding him to lie down in some bed that pulls me out of my bubble. If I hear him prowl, I can't avoid to go out to slash him, although these days he's already a little fed up, he hangs out because he knows that as a reward he's going to have a slice of ham (or maybe more than one) with which he's going to be able to smack his vibrissa.
My house, my house, my house is wellcoming. My bedroom is the place of my house where i go when i am sad or angry but also i go there when i am happy… The walls has seen me growing and becoming in who i am now. The drawers contain very personal things, like valuable ítems and memories that will last a lifetime and those things which make me remember moments filed away in my memory. My bed is my favorite place of my bedroom. I am delighted by the moment when i get into it and feel the cold sheets in my skin while i can see with recall, the photographs hat i have just above of important people for me. Facing the bed, there is a window that illuminates my bedroom during the day and through which i can see closely the outside world.
My house, my house, my house is warm. It is so warm as a sunray that enters through the window in the morning and gets reflected in my skin.
There is no happier moment than when I lay down in my bed, listening to some music and with my bunnies placidly laid down by my side, feeling the natural light entering through my window and lighting up my skin. That peace I feel in that moment is impossible to describe. With the gentle smell from the hay they give off, and laid down by my side, I give them cuddles enjoying their soft fur until they both fall asleep. To be honest I am not aware of the time we spend there until I hear one of them dig their nails into the floor and start a new mischief.
My house, my house, my house is cozy, although I must confess that not in every corner of my house I feel in peace.
My favorite corner is the part of my bed where I have the pillow. On that wall I have white lights and three dream catchers that help me not to have nightmares. On the next wall I have pictures with my family and besides, there's the window. On that part of my bed falls the little white balls in the store. There's nothing I like more than just lying down and reading with the window open. As natural light invades my corner, I shelter in my duvet and cover myself to my ears, while I hear in the background the slight sound of dream catchers moving through the wind that enters the window and as I play with the bowl of the store and I feel one by one their balls. This allows me to be at peace with myself and have sensations that no matter how hard I try... I cannot describe you.
My house, my house, my house is special. The bathroom is the part that I like the least, even if it is very important in my day to day. I don’t like the cold ground in the mornings, nor the discussions with my sister about who is going to have a shower before, since both are in a hurry. Also, i don’t like the moment when i am in the shower and it comes out the wáter so cold that my hair stand on end. Generally speaking, the bathroom is my least favorite parto f my house, even if i couldn’ give so much more reasons.
But what I like the most about my house is the yard, because I love on sunny days go out to play paddle with my brother and feel that warm sensation in my body.
But where I don´t feel that sensation of heat is in the garage, because when you open the garage door, a cold breeze enters and you get inside your body quickly. I don´t like my garage, because it´s a very dark and cold room that has many things and is stressful.
My house, my house, my house is special. The bathroom is the part that I like the least, even if it is very important in my day to day. I don’t like the cold ground in the mornings, nor the discussions with my sister about who is going to have a shower before, since both are in a hurry. Also, i don’t like the moment when i am in the shower and it comes out the wáter so cold that my hair stand on end. Generally speaking, the bathroom is my least favorite parto f my house, even if i couldn’ give so much more reasons.
My house, my house, my house could be like any other if not for all the sensations and memories that these walls keep present make that my house.
Olores

Mi casa, mi casa... mi casa me huele a hogar. Tiene un olor tan especial y tan familiar para mí que podría distinguirla entre un millón más de casas. Mi casa huele al dulce olor que mi humidificador desprende en mi habitación pero que se expande por toda la estancia llenando cada rincón y haciendo que todos nos relajemos mientras sentimos que se disipa el peso que llevábamos sobre nuestros hombros. Mi casa me huele al olor de la colonia que mi padre deja impregnado en cada cojín y que yo al tumbarme y olerlo me transporto a mi niñez. Me transporto al momento en el que siempre que tenía que viajar por trabajo le pedía que echase un poco de su colonia en mi peluche favorito para que sentirle cerca. Eso me hacía sentirme segura, protegida y en casa. Mi casa huele a felicidad y a todos los olores que juntos crean una maravillosa atmósfera que me hacen sentir que estoy en mi lugar. Mi casa también huele al aire fresco que entra por las ventanas y al olor de mi colonia que inunda todos sus recovecos. A mis padres no les gusta mucho ese olor, pero a mí me hace muy feliz porque es algo muy mío y algo muy nuestro porque se ha convertido en una perfecta ocasión para que me hagan de rabiar y entre risas, cada uno emprenda su camino.



El olor. Eso que penetra nuestros sentidos, que nos puede atraer o disgustar de una persona o un lugar, y provocar en nosotros sensaciones o recuerdos. Cada casa tiene su propio olor, su fragancia propia. Y no hay dos iguales. Mi casa en particular me hace sentir segura. Según entras por la puerta, se puede percibir una mezcla entre incienso y jazmín, que me evoca a otras épocas, me trae recuerdos, y con ello muchas emociones. El olor va cambiando ligeramente según la habitación en la que entres, aunque la esencia siempre es la misma. Cuando entro en el salón, puedo notar el olor a cuero, madera e incienso que invaden mis sentidos, haciéndome sentir como en casa. Sin embargo, cuando entro en mi habitación, ese olor se modifica ligeramente, pues sigue oliendo a incienso pero también a vainilla.



Mi casa, mi casa, mi casa
Mi casa huele a familia, ¿por qué que es el buen olor sino te transporta directamente al lugar donde te sientes más a salvo de todo el mundo?
A mí, mi casa, me huele a ese desorden en la mesa pequeña del salón, donde tengo infinitos papeles revoloteando, el ordenador en funcionamiento, y el incienso a medio consumir que crean un ambiente de trabajo y relajación que solo consigo ahí.
Pero mi casa no solo huele a papel Re toqueteado, junto con el ventilador del ordenador y el incienso. El olor que más adoro de mi casa es entrar en el baño y oler cuando alguno de nosotros de acaba de duchar, y el vapor con pequeñas partículas de gel se une tanto a mi piel, que se que en mi casa solo puedo sentirme limpia oliendo a mis seres queridos.
Mi casa como en todas las casas, dependiendo del momento huele diferente, pero siempre huele a mi casa.
Porque en mi casa, al igual que en todas las casas se cocina, pero estoy segura de que nadie consigue el olor a ajo tostado como lo hace mi madre, porque ese sentimiento de poder alimentarse mientras paseas por la casa, solo lo consigue mi madre en mi casa.
Antes de entrar en casa, ya puedo oler si alguien acaba de salir o no, su olor se me cruza por el portal como si de un espíritu se tratase, ya que me invade y casi puedo adivinar, según las horas hacia donde se dirigen.
Mi casa no olería a mi casa si no estuviésemos todos en ella, aportando cada molécula que la hace ser tan especial, tan mi casa.


Mi casa, tiene unos olores muy particulares. Mi casa huele a familia. Mi habitación tiene un olor diferente a otras habitaciones. Me encanta el olor a limpio de las sábanas recién cambiadas y la relajación que me produce. Mi habitación, huele a mi colonia, la cual me produce sensaciones maravillosas, me hace sentirme segura y cuando la huelo pienso en mi hogar, mi refugio. Los olores de mi cocina son muy variados. Me encanta el olor a café por las mañanas, el cual me aporta la energía que necesito para afrontar el día o el de las comidas que nos prepara mi padre, los cuales me abren el apetito y hacen que vaya corriendo a la cocina a ver a qué huele, que tocará hoy de comer. La terraza tiene un olor muy característico. Cuando sales a ella, respiras el aire fresco y el olor de las plantas, además del cariño que hemos puesto en ella y de la felicidad que nos provoca. Mi casa tiene olores muy especiales en los que están involucrados todos mis sentidos y sentimientos, y es, justamente eso, lo que hace que sea mi hogar, ya que sin ellos no sería nada más que una simple casa.




Mi casa, mi casa tiene…
OLORES AGRADABLES
Por las mañanas, me encanta despertarme y sentir ese olor de tortitas recién hechas en la cocina que hace que rápidamente me levante de la cama y baje corriendo a desayunar, y al llegar a la cocina y sentarme en la mesa, me encanta acercarme a oler el aroma de las rosas frescas que están colocadas en el centro. Pero mi mejor momento del día, es cuando llega la tarde y me siento en el sofá para ver una película con mi cola cao caliente y sentir ese olor a chocolate al coger la taza.


Texturas

Mi casa, mi casa tiene…
TEXTURAS PECULIARES
Me encanta por las noches tumbarme en el sofá y echarme por encima mi manta de terciopelo para sentir su suave tacto y sentirme bien arropada, y con esa misma manta puesta, me encanta también ponerme mis zapatillas de andar por casa en invierno y sentir esa textura de algodón como si estuviera andando en una nube. Y lo que más me gusta de todo, es el momento en el que mi hermano acaba de venir de la peluquería, porque me encanta acariciarle la nuca a contrapelo y sentir ese tacto satisfactorio en mi cuerpo, aunque a él no le guste mucho.


Las paredes de mi casa tienen gotelé y aunque a mí me parece muy feo, me encanta tocarlo y relajarme mientras mi mente va creando conexiones entre miles de pensamientos y sensaciones. No hay nada que me guste más que el tacto de mi manta bien suave y aterciopelada sobre mi piel que me hace sentirme segura y resguardada, como si de un escudo se tratase. El tacto del pelo de mi perro recién bañado y secado me hace muy feliz y me llena de calma porque sé que ya ha pasado el peor momento para él. Tan suave, tan limpio y tan brillante me permite pasarme horas acurrucada junto a él mientras le acaricio y le rasco la pancita. El suave tacto de mis atrapasueños me llena de calma y tranquilidad. Me hacen sentir que las malas vibraciones se van alejando una a una y que es el momento perfecto para enfocar las cosas de otra manera y seguir hacia delante.

Los recuerdos están presentes en cada rincón de mi casa. No todos son buenos, pero no sería mi casa si no estuviese contada nuestra historia al completo en estas paredes. Cada vez que entro por la puerta me recuerdo de pequeña entrando con ilusión y con ganas para ver si me padre había llegado ya de trabajar o no. A día de hoy no solo mantengo vivo el recuerdo y la sensación, sino que continuo haciendo lo mismo que hacía hace quince años. Cada vez que veo una puerta recuerdo cómo (no sé muy bien por qué) me gustaba meter los dedos en ella y acaba llorando a lágrima viva y de camino al hospital. Tengo cicatrices que hacen que no me olvide nunca de eso y lo cierto es que al final estaba tan acostumbrada al dolor que ya ni lo sentía. Contra todo pronóstico lo guardo con muy buen sabor de boca porque luego se deshacían en cariños y cuidados para mí. Cada vez que nos sentamos mi hermano y yo a comer en el salón recordamos como cuando éramos pequeños negociábamos hasta poner algo en la tele que nos gustase a ambos. Os aseguro que era mucho más difícil de lo que parece y que terminamos haciendo un horario con los días a los que cada uno nos tocaba elegir lo que íbamos a ver. Pero sin duda lo que más me gusta, lo que más me hace recordar y revivir momentos, es pasarme horas y horas viendo los álbumes de fotos que guardamos con tanto cariño e ilusión. En la mayoría de las ocasiones me permiten viajar en el tiempo para volver a sentir cada una de las sensaciones que tuve en su día. Pero en otras ocasiones me permiten descubrir una nueva historia cargada de anécdotas especiales.


Mi casa tiene texturas muy diferentes: las hay rugosas, como el césped de la terraza, que hace que tenga cosquillas si lo piso descalza o el gotelé de las paredes, el cual miro cuando no me puedo dormir y en él que, si le echas un poco de imaginación puedes encontrar miles de figuras; también hay texturas lisas, como las tapas de los libros que esconden cientos de historias leídas una y otra vez o el cristal de los cuadros, que de alguna manera los protege; y por último, también las hay suaves, como los peluches, que tantas veces me han acompañado, los jerséis de algodón tan mimosos y achuchables o las mantas del salón, que tanta falta nos hacen en los días de invierno y nos sobran los días de verano. Mi casa tiene texturas muy especiales en las que están involucrados todos mis sentidos y sentimientos, y es justamente eso lo que hace que sea mi hogar, ya que sin ellas no sería nada más que una simple casa


Las texturas. Gracias a ellas y al tacto, podemos identificar objetos sin tener que depender del resto de sentidos. Mi casa está repleta de texturas diferentes. Cuando estoy en el salón tumbada en el blanco sofá de cuero viendo una peli, paso mi mano por él, sintiendo su rugosidad y suavidad con la yema de mis dedos. Cuando estoy en la cama a punto de dormirme la siesta con mis conejos tumbados junto a mí, les acaricio y puedo sentir su suave y fino pelo entre mis dedos. Cuando me devuelven los mimos lamiéndome con su lengüita caliente y áspera, me siento muy querida, y es una sensación fantástica.




Mi casa, mi casa, mi casa, mi casa al igual que el hielo quema si lo dejas mucho tiempo sobre tu piel, mi casa engancha de la misma manera con las diferentes texturas que hacen que sea eso, mi casa.
Me encanta llegar, y tumbarme en nuestro viejo sillón aterciopelado, mientras pongo bajo mi cabeza mi cojín, ese cojín que un día tenía un azul marino, como el que sale en los dibujos de los niños cuando pintan el mar; ahora en cambio tiene toque mucho más especial para mí, los hilos han ido cediendo con el paso de los años, para coger la forma perfecta que necesita mi cabeza al tumbarse, y respecto al color, ahora tiene manchas de mis babas de cuando entre mi sillón y mi cojín me atrapan para hacerme sentir como Aladin encima de la alfombra mágica.
Pero hay texturas que, sin ellas, mi vida se haría más difícil, como el contacto de cada noche, cuando mis padres me besan y me desean que pase una noche muy feliz. Sus labios, al contacto con mi mejilla funcionan como el interruptor de un ordenador, y hacen que deje de pensar en las cosas que tengo pendiente para dejarme llevar por Morfeo al sueño más reparador y profundo que hay.


Recuerdos

Mi casa, mi casa tiene…
MEMORIAS ENTERNECEDORAS
Una de las partes con más recuerdos de mi casa es el salón, allí nos reunimos toda la familia el fin de año para celebrarlos y vivimos muchos recuerdos inolvidables, y al llegar al siguiente fin de año nos vuelven a la cabeza esos momentos vividos y los que vamos a vivir más adelante. Otra de las partes en donde tengo recuerdos es en la cocina, ya que siempre que teníamos alguna noticia importante que dar, ya sea buena o mala, la hemos dicho en esa habitación. Por último, muchos de los recuerdos que tengo en mi casa están en el patio, allí he celebrado desde pequeña mis cumpleaños con la familia y amigos más cercanos, y esos momentos siempre me vienen a la cabeza cuando nos volvemos a juntar para otro evento familiar.



Al final, todos mis sentidos me traen recuerdos y sensaciones que a veces son muy difíciles de describir. Quizás sea porque estando en casa en este periodo de tiempo tan largo me he vuelto muy melancólica, quien sabe. Pero esta casa, en la que llevo viviendo prácticamente toda mi vida, está llena de recuerdos. Por cada rincón por el que paso, me invaden y me transportan a otras épocas de mi vida, aunque no todos los recuerdo con cariño, porque no todas han sido buenas. Por ejemplo, no pasé buenos momentos cuando estuve horas y horas en el despacho estudiando para selectividad, lo que me da ansiedad solo de recordar. Por otra parte, el recuerdo más feliz que tengo es el de cuando trajimos por primera vez a Oreo, y fue ahí cuando tuve la vertiginosa sensación de que empezábamos una nueva aventura. Los recuerdos son eso, recuerdos que constituyen mi casa y mi memoria, y por ello, nunca caerán en el olvido.



Mi casa, mi casa, mi casa, en mi casa son innumerables los recuerdos que hay en cada esquina donde recuerdo que me he dejado alguna parte de mi cuerpo, por despiste claro está. Se acumulan en el polvo que va cayendo sobre los muebles, que, aunque se limpie los recuerdos se enganchan como si de una garrapata se tratase.
Si intento buscar el recuerdo más feliz que hay en mi casa, sin pensarlo mi cuerpo va solo hacia la cuna de mi sobrina, que aún sigue colgada a la vera de la cama de mi hermana.
Si busco un recuerdo inolvidable es la última carta de mi tío Agustín en las palabras de hacían llorar de felicidad. Y si intento buscar un recuerdo entrañable es una caja donde se acumulan recuerdos materiales, donde se han acumulado tantas historias reviviéndolos, que cada día pesa más en mi corazón y puedo hasta visualizar como éramos mi hermana y yo cuando éramos pequeñas.
En mi casa hay miles de recuerdos, solo tienes que abrirte y disfrutar, porque como un álbum se han ido almacenando perfectamente cada una de las experiencias que vamos viviendo en estas cuatro paredes.



Mi casa, mi casa, mi casa guarda recuerdos inolvidables. En mi casa he vivido muchos momentos, tanto malos como buenos, pero al fin y al cabo son estos, los que hacen que sea mi hogar, el refugio al que siempre acudo. En la terraza se esconden muchos recuerdos, como las mañanas tomando café, escuchando a los pájaros cantar y disfrutando de los días soleados, las tardes con mi familia jugando a las cartas hasta que el sol se esconde o las fiestas que hacemos en ella cuando por ejemplo hay partidos de fútbol importantes o algún cumpleaños que celebrar, en las que no puede faltar el toque de felicidad máxima de todos. En la cocina hay recuerdos que saben a muchas cosas, entre otros, las cenas con mi madre y mi hermana en las que se habla sobre cualquier cosa y las risas son constantes. Mi casa guarda memorias en cada rincón que jamás olvidare, en ella, guardo “recuerdos materiales”, como fotos, pulseras, entradas a conciertos, etc., que cuando miro, me trasladan directamente a momentos que he vivido, y me hacen reflexionar sobre lo afortunada que soy y la suerte que tengo de que, todas y cada una de las personas que hay a mi alrededor, formen parte de mi vida y me hayan dado tantos buenos momentos, que al fin y al cabo es con lo que me quedo. Mi casa tiene recuerdos muy especiales en los que están involucrados todos mis sentidos y sentimientos, y es justamente eso lo que hace que sea mi hogar, ya que sin ellos no sería nada más que una simple casa.


