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¿Existe una única manera de entender el concepto de juego? ¿Cómo transformar una situación de crisis en juego, entendido éste como la capacidad de ayudar al ser  humano  a  comprender  y  asumir  una  realidad  compleja  de  entender?  ¿El juego construye narrativas o es en sí una narrativa?

El juego, como consideran muchos autores, es una actividad innata que surge de forma natural. A través del juego nos relacionamos con otras personas, aprendemos, vamos encontrando nuestro sitio, vamos desarrollando nuestra personalidad y empezamos a darnos cuenta del rol que desempeñamos según el contexto en el que nos encontremos. Jugamos por el placer de jugar, de divertirnos, de evadirnos, de compartir y de relacionarnos. Son esos motivos (y muchos otros) por los cuáles unas veces dejamos que nos cambien las reglas y otras, nos dejan cambiarlas a nosotros. No debemos olvidarnos de que el juego siempre debe ser libre y debemos jugar de manera voluntaria. Es por ello que podemos decir que el juego tiene una motivación intrínseca (la que nos impulsa a hacer cosas simplemente por el gusto de hacerlas).
El juego es un concepto muy amplio y abstracto que cada persona entiende de una manera diferente y por ello no hay una única manera de entender este concepto. Si lo pensamos bien, el juego está presente en prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida. Aprendemos jugando y mientras lo hacemos, nuestro miedo al fracaso se reduce de manera considerable o desaparece porque estamos inmersos en una narrativa que nos hace estar activos, pero viviendo la realidad desde otra perspectiva. El juego también es una buena manera para expresar y exteriorizar nuestros sentimientos cuando no encontramos la forma de que nos entiendan o incluso, de que nosotros nos entendamos a nosotros mismos. Jugamos para gastar toda la energía que no hemos podido gastar durante el día ya que necesitamos esforzarnos en cierta manera y mantenernos activos tanto física como mentalmente para poder elaborar estrategias útiles que nos permitan potenciar y mejorar nuestras habilidades y explorar nuestras capacidades. A través del juego exploramos nuestros límites y empezamos a ser conscientes de las cosas que podemos hacer, de las que no y de las que podemos hacer, pero debemos tener mucha precaución y cuidado.

Cada persona puede entender el concepto de juego de una manera diferente y también debemos tener en cuenta, que no en todas las etapas de nuestra vida vamos a entender el juego de la misma manera. Eso dependerá de cada persona y de su momento evolutivo, así como de los factores sociales, personales y ambientales que nos rodean. Por otra parte, también sería interesante que hiciésemos referencia al contexto histórico en el que nos encontramos. Hace cuarenta años el juego no era entendido de la misma manera que hace veinte ni de la forma en la que se entiende hoy en día. Antes los niños jugaban con cualquier objeto con el que se cruzasen por el camino. Eran mucho más autónomos, creativos e imaginativos. Sin embargo, hoy en día nos encontramos con que la mayoría de los parques y de juguetes son estereotipados y no les queda mucho margen para poder maquinar, descubrir, crear... Por ello y mientras reflexionábamos sobre este asunto, se nos ha planteado un debate muy curioso y que nos gustaría compartir con vosotros. Que los niños en esta Pandemia no puedan salir de casa para jugar o para pasear, ¿es realmente tan terrible como nos dicen? Pues por supuesto que sí. El mundo exterior les permite descubrir estímulos, sensaciones y un sinfín de cosas beneficiosas para ellos. Pero no queremos ir por ahí. Si es tan terrible como lo pensamos, ¿por qué antes de esta situación los niños se pasaban ocho horas (o más) en la escuela para que, la mayoría después vayan a dos actividades extraescolares (donde por lo general continúan sin estar al aire libre) y para que cuando por fin ya estén en casa se tengan que poner a hacer todos los deberes y luego a ver la tele o a jugar a la vídeo consola mientras cenan? ¿Ahí no eran importante los estímulos y la realidad exterior que los niños percibiesen? ¿Ahí no necesitaban jugar, estar en contacto con la naturaleza, evadirse y relacionarse? Con esto queremos pedir que nos replantemos nuestra realidad diaria y la de los más pequeños. Esto puede ser una gran oportunidad para transformar nuestra realidad actual y para que cuando podamos salir de nuestras casas y actuar con normalidad, los niños salgan a jugar al aire libre, pasen menos tiempo encerrados y en contacto con las tecnologías para que puedan reaprender a jugar con cosas sencillas que no estén estereotipadas y para que reaprendan a jugar con ellos mismos y con los demás sin necesidad de un soporte electrónico o de tener mil cosas a su alrededor. Al final los sentidos de los niños están sobre cargados y también es positivo que aprendan a aburrirse o a disfrutar de cosas tan simples como del ruido que provoca un palo cuando lo impactas contra el suelo.

En este encargo se nos han pedido muchas cosas, una de ellas ha sido crear un juego como narrativa lúdica y solidaria. Es obvio que la situación de crisis sigue estando y que es imposible conseguir, muy a nuestro pesar, que nos olvidemos de los momentos tan duros que estamos viviendo. Lo que sí podemos conseguir es hacer que las personas de nuestro alrededor se olviden durante unos minutos de todo esto y se rían o salgan del bucle en el que se han metido para hacer otras cosas diferentes. Por ello hicimos el juego de los carteles en nuestra ventana y la verdad es que fue muy reconfortante para nosotras ver que, aunque todo el mundo entendía la gravedad de la situación, fuesen capaces de dejar a un lado sus situaciones personales como lo hicimos nosotras para involucrarse en esta iniciativa y aportar su granito de arena. No nos hizo falta hacer cosas demasiado elaboradas, ni que impliquen una gran cantidad de dinero ni un sobre esfuerzo para conseguir lo que se nos pedía. Las personas, aunque no lo hayamos tenido presente siempre, somos mucho más simples y en estos tiempos en los que tenemos de todo, muchas veces nos aporta más un simple gesto cargado de sentimientos y de verdad que algo material. Por ello, nosotras nunca hemos querido transformar una situación de completa crisis en juego, pero sí que hemos querido darle la vuelta en algunos momentos, sin olvidarnos de la realidad, para transmitir fuerzas y energía a través de este encargo. Queremos ayudar y por eso cada una hemos aportado nuestro granito de arena para hacer más llevadera esta situación. Desgraciadamente esta no es la única situación de crisis que hemos vivido o que vamos a vivir. Si echamos la vista atrás, el juego siempre ha estado presente en cada una de esas situaciones intentando amenizar la cruda realidad.

Podemos recordar cómo el 24 de diciembre durante la Primera Guerra Mundial, ambos bandos (británico y alemán) dejaron atrás sus diferencias durante unas horas para jugar un partido de fútbol sobre la fría nieve. Al fin y al cabo, todos somos personas y necesitamos evadirnos de la realidad para poder continuar haciéndole frente. Es una buena forma para recargar nuestra energía, para unirnos y ser más fuertes juntos y para darnos cuenta de que por muy difícil que sea la realidad con la que nos encontramos, el juego siempre va a estar presente en ella.

¿Cómo  tiene  que  ser  el  rincón  de  lectura  o  el  lugar  en  el  que  los  niños  y  la literatura  entran  en  contacto?  ¿Podemos  percibir  este espacio  con  los  cinco sentidos? ¿Pueden los cuentos y nuestras voces invertir el espacio del rincón de lectura de forma que los niños puedan percibirlo desde la multisensorialidad?

Crear un rincón de lectura es más fácil y a la vez más importante de lo que parece, puesto que no se necesitan muchas cosas y cualquier espacio puede ser reacondicionado para el uso y disfrute. Además, que los niños tengan sus rincones de lectura fomenta el hábito, les anima a leer y a interesarse por los libros, así como a aprender a cuidarlos y ordenarlos en su sitio. Seguro que cuando acabéis de leer este apartado, pensareis que estamos en lo cierto, aquí os dejamos unos consejos básicos para crear un buen rincón de lectura.

La iluminación es un factor muy importante, en la medida de lo posible debemos elegir un sitio en el que se pueda aprovechar al máximo la luz natural, aunque no siempre vamos a tener este privilegio, por lo que sería conveniente tener a mano una lámpara de luz blanca que ilumine al lector en esos momentos más tenues. También sería recomendable poner algún elemento (estanterías, cajas, baldas...) donde poder guardar los libros en nuestro rincón para que estén al alcance de los pequeños lectores, y para que además fomenten su autonomía al no tener que depender de alguien que les proporcione los elementos. No hace falta que estén repletas de libros y más aún si los pequeños se están iniciando a la lectura, es mejor que sean ellos quienes vayan completando ese espacio con los que más les gusten y fomentar así su motivación intrínseca (aquella que depende de uno mismo y no de factores externos, como una recompensa). Asimismo, los libros deberán estar colocados en las estanterías de forma que siempre se vea la portada en cada uno de ellos, debido a que los niños en edades tempranas no saben leer todavía y a la hora de elegir un libro se guían por las ilustraciones de la portada. Por otra parte, en cuanto al mobiliario que debemos emplear, lo ideal sería adaptarlo a cada situación, buscando siempre la máxima comodidad y motivación, ya que hay lectores que prefieren sentarse en su escritorio a leer, otros prefieren leer encima de una alfombra o manta que esté colocada en el suelo, etc. Aunque bueno, lo cierto es que en este aspecto hay infinidad de posibilidades, como solemos decir coloquialmente “para gustos, los colores”. Por último, la decoración debe estar lo menos sobrecargada posible. Es recomendable utilizar colores pastel o neutros que transmitan la máxima tranquilidad y armonía y no poner demasiados objetos que puedan causar distracciones, aunque sí podríamos poner un baúl con cosas que el niño quiera meter para que después de cada lectura recree las historias. Debemos dejar que el niño sea quien decore libremente su espacio.

Lo más importante es que este espacio sea un lugar real, acogedor y listo para el uso, es decir, que no sea un espacio de exposición, prefabricado, en el que todo es muy bonito y nada se puede ni manchar, ni tocar, ni descolocar... Un rincón de lectura es un espacio para que los niños se sientan cómodos y puedan descubrir nuevos mundos mediante la lectura.

Un rincón de lectura es un lugar que se puede percibir con los cinco sentidos, ya que, al igual que nuestro cerebro responde a estímulos físicos, también lo hace con los simbólicos. Con la vista, los niños pueden ver las ilustraciones de los libros y toda la decoración que hay en el rincón, así como leer (si ya han aprendido) los libros que tienen en su rincón; con el tacto, los niños sentirán la suavidad de las mantas y podrán tocar todo lo que hay a su alrededor; con el oído pueden escuchar las historias conocidas o desconocidas que se les están contando; con el olfato, los niños huelen los libros y todo lo que en su rincón; pero ¿y con el sentido del gusto? Con el sentido del gusto es diferente, ya que, aunque hoy en día hay libros infantiles que se pueden chupar, con la mayoría de libros no pasa, no se puede percibir de manera física, pero sí de manera simbólica, si tanto los lectores como los que escuchan ponemos de nuestra parte, podemos hacer que estos sentidos participen en los momentos de lectura utilizando la imaginación, entonando bien cada palabra y adentrándonos de lleno en las historias. De tal manera que si estamos leyendo acerca de comida nuestras papilas gustativas, con ayuda de nuestra imaginación, se pondrán en marcha y podremos llevar a la realidad la expresión "la boca se me hace agua".

Aunque cada niño es un mundo y puede percibir los libros de diferentes maneras ya que no todos pueden ver o escuchar, es importante adaptar cada rincón a los niños con los que estamos trabajando y a las diferentes realidades que les rodean.

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¿Cómo se moldea el desarrollo del niño (cerebro, cognición y conducta) en la etapa infantil mediante el aprovechamiento íntegro de todas nuestras cualidades sensoriales?
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La etapa infantil (o-6 años) es el momento en el que tenemos una experiencia más amplia con el mundo exterior a través de los sentidos y donde vamos experimentando nuevas sensaciones. Esta etapa escolar es un periodo muy importante, en el que los niños, desarrollan y ejercitan destrezas afectivas sociales y motrices, las cuales van a acompañarle y a quedarse interiorizadas a lo largo de su desarrollo.

A medida que el niño va creciendo y adquiriendo capacidades y habilidades, va creando su autoconcepto, que es la valoración que cada persona tiene sobre si misma. Está en continuo cambio porque influye como nos vemos a nosotros mismos, como vemos a los demás y como nos ven los demás a nosotros. Una persona tiene tantos autoconceptos como roles desempeñan su vida, y está formado por: la autoimagen/ autopercepciones (es la manera en la que nos vemos a nosotros mismos); la autoestima (es el amor y la consideración que te tienes a ti mismo, es decir lo que te valoras); y por las perspectivas que tenemos sobre nuestro futuro yo (quien queremos llegar a ser). Si nos aceptamos a nosotros mismos y nos queremos tal y como somos, no necesitaremos la aceptación de nadie más, puesto que nuestra propia opinión tendrá más peso y será suficiente. Esto se desarrolla gracias a todos los estímulos que llegan a sus cerebros, mediante los sentidos. Aunque no todos los sentidos influyen de la misma manera a la hora de generar estímulos, ya que los sentidos superiores (vista y oído), hasta los cuatro meses no terminan de formarse.

Además, la estimulación es algo fundamental para el desarrollo del cerebro del bebé y cuantos más tengan los niños por parte de las personas que tienen a su alrededor, mejor será el desarrollo del cerebro del bebé, ya que potencia sus funciones cerebrales en todos los aspectos (cognitivo, lingüístico, motor y social). La deficiencia o falta de estimulación en el primer año de vida puede tener consecuencia en el desarrollo de las habilidades motoras, cognitivas, lingüísticas y sociales.

Es muy importante que potenciemos los sentidos a la vez que las emociones de los niños para que tengan un correcto desarrollo y debemos darles las claves para que ellos mismos puedan formar su autoconcepto a partir de las percepciones que vayan adquiriendo.

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